Una familia pide en el restaurante una parrillada de carne. El camarero les sirve el plato, con una etiqueta adjunta en la que figura, en letras bien grandes, la huella hídrica que supone haber elegido esa especialidad. Es ficción, pero los datos sorprenderían: por cada persona que coma hoy un filete de ternera de 200 gramos se habrán utilizado 1.000 litros de agua.
“Los europeos desconocen que su dieta alimenticia encubre un gasto de agua de 2.000 a 5.000 litros diarios por persona”, indica Elías Fereres, presidente de la Real Academia de Ingeniería (RAI) y coordinador general de Euro-CASE (European Council of Applied Sciences, Technologies and Engineering) 2011. Los representantes de este foro permanente de intercambio y consulta entre instituciones europeas, la industria y centros de investigación se han reunido esta semana en Madrid para explicar la situación y buscar soluciones.
Los expertos han analizado los datos en un contexto de escasez de agua, y han valorado la repercusión que ésta tendrá sobre el abastecimiento de alimentos en las grandes ciudades. Consideran que los ciudadanos deben conocer la huella hídrica de sus preferencias alimentarias.
Con el tiempo –señalan– puede que pese con fuerza en un asunto tan personal y delicado como es la elección de la dieta. Los hábitos alimenticios de las sociedades urbanas se basan en una cadena productiva cada vez más complicada, dada la escasez de agua y la dificultad para hacer previsiones meteorológicas en un marco de cambio climático.
Presión de los países emergentes
A esto se añade la presión que la población de los países emergentes (India, China…) empieza a ejercer sobre los recursos de tierras y aguas utilizados hasta ahora casi en exclusiva por y para el mundo desarrollado. A medida que la población aumente y mejore su calidad de vida, los problemas de abastecimiento alimentario se irán agudizando en zonas donde antes eran casi inexistentes.
El motivo, al mejorar el nivel de vida se produce un cambio de dieta y muchos habitantes del planeta que antes sólo comían cereales ahora desean comer carne. La producción de este alimento animal para consumo humano precisa de más agua y más grano para el ganado y, a su vez, disponer del grano suficiente requiere de más tierras para el cultivo. En definitiva, más agua.
“No sólo la ingeniería agronómica, sino todas las ramas de la ingeniería –dice el profesor Fereres, investigador del Instituto de Agricultura Sostenible del CSIC-, porque el problema del agua tiene que ver con la energía, el transporte, las infraestructuras, la química… Todos, en las diversas ramas de la ingeniería, estamos trabajando casi a contrarreloj para desarrollar tecnologías más eficientes y sostenibles, que ayuden a superar todos estos obstáculos y, por eso el Cons



